A mis compañeras Mari Carmen, Cristina, Ana y Jeni. Y a mis profesores Pedro H. G y Manuel B. A.
Si miro atrás y hago recuento de mi vida, pienso que perdí mucho el tiempo. Que podía haber ahorrado muchas lágrimas a mis padres y haber guardado por más tiempo las mías. Si cuento los días, los meses y los años, se convierten en losas que me aplastan y no me dejan mirar la luz que aparece en el camino, aquel del que me aparté para la coger la vereda equivocada.
Afortunadamente, a veces las personas tenemos el coraje suficiente para empezar de nuevo, a pesar de los inconvenientes, y afortunadamente también, hay personas que te tienden la mano cuando caes y esperan hasta oír ¡puedo seguir, estoy bien!
Después de todas las adversidades, de los errores y los logros, por lo que más feliz me encuentro es por haberme dado la oportunidad de volver a formarme y de, en ese camino, haber encontrado a personas que me han dejado huella, cada una a su modo. De haber conocido profesores que te invitan a cuestionar lo que nunca te has planteado y que, quizá desconozcan que hay ojos que los admiran y alumnos que se plantean seguir formándose para llegar un día a ser un profesor como ellos, que despiertan mentes adormecidas a penas con decir una palabra.
