miércoles, 16 de febrero de 2011

Se desvanece...

Se acabó mi ensueño. Se acabó mi tonta y corta utopía, esa que, aun sabiendo que no era plena ni del  todo real, había forjado con los resultados del esfuerzo. Esa que me daba felicidad por momentos. Mis ojos se empañan y noto como algo se rompe dentro de mí, ¿el corazón? No, no puede ser, ese ya lo tengo partido…puede que sea el alma, porque si no, qué se parte cuando oyes de los labios de tu sangre que no te quieren… ¿Qué se parte cuando te olvidan y tú aún no has olvidado?
Una tarde como la de hoy en donde también llueve en mi corazón, siento que aunque las emociones no florezcan hacia afuera, las raíces siguen creciendo hacia dentro…
No me siento mal por intentarlo una y otra vez sin éxito, me siento mal porque intentarlo me recuerda mi carencia.

martes, 8 de febrero de 2011

Ladrones de sentimientos…

¿Cómo se puede querer a alguien que no has tenido? ¿Cómo se pueden añorar emociones que no has sentido?
Siempre llevo en mi mente a mis dos luceros… a veces, si me concentro mucho, puedo volver a sentir el tacto de su piel en la yema de mis dedos, la imagen en mi retina e incluso puedo sentir su esencia en mi ser o la fragancia que desprendían sus cuerpecitos recién llegados entre mis brazos... Después, un escalofrío que recorre todo mi cuerpo me devuelve al mundo real, al de los anhelos.
Todo nombre tiene su antónimo, todo protagonista su antagonista y como no podía ser menos,  mis dos luceros estiban sombras. Sombras que les impiden iluminar mis mañanas, alumbrar mi camino, brillar en mi oscuridad… Dos sombras que son raptoras de sentimientos.  Sentimientos que vivirán recluidos en la torre del olvido hasta  que un valiente libertador de sueños  a lomos del caballo de las emociones y armado con el escudo de la esperanza haga libres las voluntades y sentimientos de mis anhelados luceros.
Ese día saldrá el sol en nuestras vidas, mis luceros brillarán con tanta intensidad que librarán las nieblas espesas en que transcurren nuestras vidas, que no dejan ver nada, ni sentir, ni oír, ni amar, ni soñar…
A mis dos luceros, para que un día puedan perdonar a las sombras que les acompañan y brinden una oportunidad a los que permanecemos en la torre del olvido.
A P    M.G.R